
Diversos estudios advierten que el uso excesivo de dispositivos digitales puede afectar la salud emocional, el sueño y las habilidades sociales en niños y adolescentes. Especialistas proponen límites claros, acompañamiento adulto y hábitos que equilibren la tecnología con el juego, la lectura y la vida al aire libre.
Fuente: Belén Cortés https://elreferente.cl/pantallas-en-la-ninez-que-dicen-los-expertos-sobre-sus-efectos-y-como-manejarlas/
En un mundo cada vez más digitalizado, la presencia constante de celulares, tablets y computadores en la vida de los más jóvenes plantea un nuevo reto: ¿Cómo equilibrar el uso de pantallas sin comprometer el bienestar emocional y social de niños y adolescentes?
Diversas investigaciones internacionales han revelado que el tiempo excesivo frente a las pantallas puede estar vinculado a un aumento en los niveles de ansiedad, depresión, trastornos del sueño y dificultades para socializar. Esto se agrava cuando el consumo está centrado en redes sociales o contenidos que no son apropiados para su edad.
“Los niños están creciendo con una alta exposición a estímulos digitales, lo que afecta el desarrollo de su atención, empatía y habilidades sociales”, explica la psicóloga infantil Paula Navarrete. Según la experta, es fundamental que los adultos acompañen y orienten el uso de la tecnología desde etapas tempranas.
A pesar de estos riesgos, los dispositivos electrónicos también pueden ser herramientas valiosas para el aprendizaje y el entretenimiento. El desafío, afirman los especialistas, está en establecer límites claros y fomentar actividades complementarias como la lectura, el juego al aire libre y el deporte.
Por ello, organizaciones como la Academia Americana de Pediatría recomiendan que los menores de 2 años no tengan exposición a pantallas (excepto en videollamadas), que se limite a una hora diaria en niños de entre 2 y 5 años, y que los mayores de esa edad cuenten con rutinas de uso supervisadas y balanceadas.
Más que prohibir, el llamado es a educar. “La clave está en enseñar un uso consciente de la tecnología, donde los niños aprendan a autorregularse y comprender cuándo una pantalla les aporta valor o cuándo les está quitando bienestar”, concluye Navarrete.